José Manuel Caballero Bonald (Premio Cervantes 2012)

29 nov. 2012


Enhorabuena al poeta jerezano por este merecido premio. Novelista, ensayista y poeta, además de navegante, flamencólogo, autor de alguna canción (con Joaquín Sabina)... Insumiso e inconformista.
Compañero de generación ("Generación del 50") de Ángel González, Gil de Biedma, José Ángel Valente...

 Obras: "Dos días de septiembre", "Ágata, ojos de gato" (novelas), "Las adivinaciones", "Las horas muertas", "Descrédito del héroe", "Manual de infractores" (poemarios)... Su última obra publicada ha sido "Entreguerras", una especie de autobiografía en un solo poema de 3.000 versos y saldrá próximamente una recopilación de sus ensayos y artículos de crítica literaria: "Oficio de lector".
La Biblioteca recomienda especialmente Manual de Infractores  ((Seix Barral), Algunos de sus poemas:

Summa Vitae

De todo lo que amé en días inconstantes
ya sólo van quedando

rastros,
marañas,

conjeturas,

pistas dudosas, vagas informaciones:
por ejemplo, la lluvia en la lucerna

de un cuarto triste de París,
la sombra rosa de los flamboyanes

engalanando a franjas las casa familiar de Camagüey,

aquellos taciturnos rastros de Babilonia

junto a los barrizales suntuosos del Éufrates,

un arcaico crepúsculo en las Islas Galápagos,
los prolijos fantasmas

de un memorable lupanar de Cádiz,

una mañana sin errores

ante la tumba de Ibn’Arabi en un suburbio de Damasco,

el cuerpo de Manuela tendido entre los juncos de Doñana,

aquel café de Bogotá

donde iba a menudo con amigos que han muerto,
la gimiente tirantez del velamen
en la bordada previa a aquel primer naufragio...

Cosas así de simples y soberbias.


Pero de todo eso
¿qué me importa

evocar, preservar después de tan volubles
comparecencias del olvido?

Nada sino una sombra

cruzándose en la noche con mi sombra.



Salvedad


Todos aquellos que han sobrevivido
a tres naufragios, tienen asegurada
la inmortalidad.
Así se afirma al menos
en los nunca escritos códices
de Argónida.
Mi suerte ya está echada:
Un naufragio me queda para atajar la muerte.

Azotea

Fui feliz fugazmente algunas veces,
entre dos furias fui feliz,
lo fui de vez en cuando sin saberlo.

Por ejemplo en la ciudad solar que se veía
desde aquella azotea de la infancia,
tentadora ciudad flameando
en los celestes mástiles del tiempo,
mientras iniciaba la vida la aventura
de descubrir el mundo a escondidas del mundo.
Allí subsisto aunque no esté, allí
perduro en medio
de la devastación de esa azotea
que reconstruyo cada día para no claudicar.







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